Hay un momento exacto en que Bogotá deja de ser ruido. No es un silencio total, sino uno distinto: el viento moviéndose entre hojas de los árboles, el agua quieta que refleja el cielo como si el humedal quisiera guardárselo.
Es por ello que hoy después de las 9 de la mañana, en el sector uno del Humedal Córdoba. Vivieron 30 personas, una experiencia ambiental única, cruzaron algo más que una reja: fue la frontera invisible entre la ciudad de cemento y la ciudad viva que todavía respira debajo de ella.


Realizada Por Nicolás Cuervo.
Treinta personas, una sola respiración
Era uno de esos grupos improbables para un sábado por la mañana. Niños que se adelantaban corriendo por el sendero, adultos mayores de paso pausado y jóvenes que algunos guardaron sus pantallas. Sobre ellos, el característico sol de Suba que brilló sin tregua durante todo el trayecto, como un invitado puntual que no quiso perderse la caminata. El sendero los esperaba. Además reconocer las cinco hectáreas del sector uno, las más pequeñas del complejo, pero sin embargo guardaban algo desproporcionado para su tamaño: tranquilidad genuina.
Cinco hectáreas de memoria verde

En menos de hora y media, el grupo recorrió esas cinco hectáreas. No es mucho en kilómetros. Es mucha la paz, armonía y tranquilidad. Es como salir de la ciudad al interior de ella.
Porque el Humedal Córdoba no se visita: se escucha. La avenida 127, con todo su peso de motores y prisa, quedó atrás en cuestión de pasos. En su lugar apareció otra banda sonora: el murmullo del viento, el roce del agua contra los bordes del caño, el canto de un pájaro que nadie supo identificar pero que todos pararon a escuchar.
Los espejos de agua hacían su magia. En su superficie limpia se veía reflejado el cielo azul, las siluetas del cedro y el Saltamontes de hoja. Los niños se asomaban a las orillas con esa mezcla de asombro y atrevimiento que los adultos olvidamos con los años. Para muchos de ellos, era la primera vez que veían un humedal de cerca. Para algunos adultos, también.

Un recorrido que alguien soñó y muchos construyeron
Los senderos que pisaron ese sábado no estuvieron siempre ahí. Son el resultado de un trabajo largo, de acuerdos entre la comunidad y las instituciones del Distrito, así se mantiene una Suba ambiental que merece tener un lugar así: accesible, vivo y conservado.
Ese esfuerzo se nota en cada detalle. En que el camino no interrumpe, sino que acompaña. En que la fauna no huye, sino que tolera y permite la presencia humana. En que uno puede caminar sin sentir que está invadiendo.

Antes de las once, todo cambió
A las 10:50 de la mañana, el recorrido terminó. El sol seguía en lo suyo, brillante y generoso. Pero los 30 caminantes que salían ya no eran exactamente los mismos que habían entrado.
Habían llegado con el paso apretado de quien viene de la ciudad. Se iban con otro ritmo: más lento, más consciente, más propio.
El sector uno del Humedal Córdoba lo demostró una vez más: no hay que salir de Bogotá para encontrar naturaleza. A veces basta con detenerse, mirar el agua, y dejarse llevar por el sendero.
Suba tiene un humedal Cordoba. El humedal, por fortuna, también nos tiene a nosotros. Para preservarlo y cuidarlo. Una visita posterior a la celebración del día mundial del ambiente que es cada 5 de Junio.
