El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC lidera la construcción del Inventario de Patrimonio Vivo asociado a las Plazas Distritales de Mercado, un proceso participativo desarrollado junto a comunidades portadoras y vivanderos.
Entre 2024 y 2026, el proyecto ha alcanzado las 18 Plazas Distritales de Mercado de Bogotá a través de 96 actividades comunitarias y la participación de más de 1.500 personas.El inventario identifica los oficios culturales como el corazón del patrimonio inmaterial en estos centros de abastecimiento y memoria.

Antes de que Bogotá despierte por completo, las Plazas Distritales de Mercado ya vibran al ritmo del trabajo, el aroma del café y el saludo entre vecinos. Más allá del intercambio económico y el abastecimiento de alimentos, estos espacios albergan un patrimonio intangible fundamentado en conocimientos, oficios, memorias e identidades transmitidas de generación en generación.
Con el objetivo de salvaguardar esta riqueza cultural, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC adelanta desde 2024 el Inventario de Patrimonio Vivo del Sistema Distrital de Plazas de Mercado, una iniciativa en colaboración activa con organizaciones de vivanderos, cocineras tradicionales, yerbateros, artesanos y diversas entidades distritales.
«Las Plazas Distritales de Mercado son escenarios donde se conserva una parte fundamental de la memoria de Bogotá. Allí el patrimonio vive en las personas, en sus oficios, en los conocimientos que se transmiten de generación en generación y en las relaciones de solidaridad que construyen comunidad. Proteger este patrimonio vivo es también reconocer a las personas que mantienen vigente una parte esencial de la identidad cultural de nuestra ciudad», destacó Diego Parra Cortés, director del IDPC.
Un enfoque participativo: Camino para la Salvaguardia
Bajo la metodología denominada Camino para la Salvaguardia, el IDPC ha recorrido las 18 Plazas Distritales de Mercado de la ciudad. Hasta la fecha, el proceso suma 96 actividades comunitarias y la vinculación de más de 1.500 participantes, entre vivanderos, comerciantes, cocineras tradicionales, yerbateros, artesanos y líderes comunitarios.
A través de herramientas participativas como expediciones culturales, espacios de socialización, cartografías sociales, laboratorios de memoria, historias compartidas, el Camino de las Plantas, entrevistas y recorridos etnográficos, las comunidades han reconstruido la historia de sus plazas y compartido los conocimientos que estructuran su identidad diaria.
El corazón de las plazas: Los oficios culturales
El proceso participativo permitió concluir de manera colectiva que el verdadero núcleo del patrimonio vivo de las plazas radica en sus oficios culturales. Gracias al trabajo conjunto fue posible identificar cinco grandes grupos de oficios culturales que conforman un verdadero ecosistema de patrimonio vivo: la preparación y transformación de alimentos; el comercio y abastecimiento alimentario; la producción y el comercio artesanal; los saberes asociados al bienestar y la salud tradicional; y los servicios para la comunidad.
Aunque cada uno desarrolla actividades distintas, todos se encuentran profundamente conectados: dialogan entre sí, fortalecen la economía popular, articulan relaciones entre lo urbano y lo rural, generan redes de apoyo y preservan conocimientos familiares que combinan tradición e innovación. Un ejemplo de ello es Rafael Ávila, comerciante de la Plaza Las Ferias, quien comparte cómo su puesto pasó de comerciar productos frescos a incorporar salsas y ajíes secos, conservando un legado heredado de la abuela de su esposa.
Transmisión generacional y liderazgo femenino
El inventario evidencia el protagonismo de las mujeres en la preservación de la memoria y la gastronomía local. Blanca Gladys Camacho, de la Plaza Doce de Octubre, representa a una familia de cuatro generaciones dedicadas a la cocina tradicional: «Este oficio es el legado que recibí de mis padres y que hoy comparto con mis hijos y mis nietos. Aquí no solo se preparan alimentos, también se transmiten valores, amor por el trabajo y una tradición que merece seguir viva para las próximas generaciones», resalta.
Asimismo, María Elsy Giraldo, portadora de saberes gastronómicos en la misma plaza, recalca que reconocer la gastronomía como patrimonio exige un compromiso constante de las nuevas generaciones con los saberes heredados del campo y de los antepasados.
Profundización y retos para el futuro
El proceso también identificó retos críticos como la reducción del relevo generacional, los cambios en las dinámicas económicas y las condiciones de sostenibilidad de algunos oficios. Para responder a estos desafíos, durante 2026 el IDPC ha avanzado hacia una fase de profundización cualitativa mediante jornadas del Bodegón de Oficios en las plazas de Quirigua, Las Cruces, Fontibón, Samper Mendoza y Carlos E. Restrepo, además de entrevistas semiestructuradas en plazas como Doce de Octubre, Kennedy, La Concordia, La Perseverancia, Siete de Agosto, Santander, San Carlos, San Benito, Las Ferias y Quirigua.
El Inventario de Patrimonio Vivo reitera que el valor de las plazas no reside únicamente en lo tangible, sino en las recetas no escritas, el saber empírico de las manos y la confianza construida durante décadas.
