Lo que comenzó en 2013 con la imaginación de un niño se convirtió, años después, en un cortometraje que hoy cruza fronteras. Simón Sánchez Plazas, estudiante de animación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, rescató a Timothee, un personaje que había creado durante su infancia, para convertirlo en el protagonista de El Espejo de la Vida.


Con esfuerzo, disciplina y recursos limitados, Simón comenzó a desarrollar el proyecto como un trabajo universitario. Pero su sueño creció cuando un grupo de compañeros y amigos creyó en la historia y decidió sumarse a la producción. Así, lo que nació como una idea personal terminó convirtiéndose en un equipo de nueve personas unidas por la pasión por la animación y el cine.
La Universidad Jorge Tadeo Lozano acompañó y respaldó este proceso, brindando el espacio académico para que el proyecto pudiera crecer y convertirse en una producción capaz de trascender las aulas.
Después de dos años de trabajo, El Espejo de la Vida llegó a las salas de cine de Colombia y comenzó un recorrido internacional que hoy suma siete selecciones oficiales en festivales de Colombia, Estados Unidos, Argentina, Portugal, Italia e Inglaterra, además de una nominación a un premio en Italia.
La historia de El Espejo de la Vida es también la historia de un joven que decidió creer en una idea, trabajar por ella y rodearse de personas que compartieron su sueño. De Colombia para el mundo, una producción nacida en la universidad demuestra que con talento, esfuerzo y perseverancia los sueños también pueden llegar a la pantalla grande.
Por: Camilo Plazas
@campla04
